Carlos Alfonsín: “la música es una forma de vida, no una estrategia de mercado”

Carlos Alfonsín: “la música es una forma de vida, no una estrategia de mercado”

Este viernes 8 de agosto en el ciclo Recess (La Nonnina Neuquén, Independencia 428), el histórico DJ Carlos Alfonsín vuelve a escena con una propuesta que combina su experiencia, su visión crítica y su sensibilidad artística. Figura clave para entender la historia de la música electrónica argentina, su recorrido atraviesa décadas, géneros y formatos.

Desde sus comienzos junto a referentes como Soda Stereo y Virus, hasta su actual exploración entre vinilos y tecnologías digitales. En esta entrevista reflexiona sobre su rol como comunicador musical, la evolución del clubbing y el valor simbólico del vinilo en el siglo XXI.

Desde tus inicios con Soda Stereo y Virus, combinaste arte, cine y música. ¿Cómo influyó ese cruce disciplinario en tu identidad como DJ?

Siempre lo vi como algo natural. Empecé a trabajar en cine a fines de los 70 y al mismo tiempo iba a clubes, proyectaba imágenes, hacía efectos con lo que encontraba. La dirección de arte, la fotografía, el montaje… todo eso me formó en la manera de contar algo, de generar una atmósfera. Incluso cuando pasás música, hay una narrativa, aunque no sea literal. Cada una de esas experiencias aportó a la forma en la que entiendo lo que hago hoy.

En los 80 fuiste pionero en integrar imagen y sonido mucho antes del concepto de VJ. ¿Qué lugar ocupa lo visual en tu propuesta actual?

El componente visual siempre estuvo presente, desde cuando hacía diapositivas caseras hasta las muestras de videoclips en fiestas. Hoy no hago VJing como tal, pero sigo pensando en lo que se ve, en cómo el contexto acompaña a lo que suena. La música electrónica tiene un componente estético fuerte, y eso también se comunica, no solo con luces o pantallas, sino con la actitud, con lo que proyectás desde la cabina.

Presentaste géneros como el acid jazz, el trip hop y el drum & bass en un momento donde eran totalmente nuevos para el público local. ¿Cómo gestionabas esa conexión con audiencias que aún no los conocían?

Siempre creí que si a mí me emocionaba, podía emocionar a otros. La clave está en el momento, en entender cuándo y cómo poner ese tema. No es solo decir “miren esto que nadie conoce”, sino encontrar la situación adecuada para que ese sonido encaje. Es un trabajo sensible, más que estratégico. Nunca fui de forzar una escena, simplemente me dejaba llevar por la música que me movilizaba.

En un presente donde muchos DJs siguen una estética de marca, vos mantenés una postura crítica y autónoma. ¿Cómo comunicás tu identidad artística hoy?

No estoy en ninguna agencia, no tengo manager ni equipo de redes. Todo lo que ves es mío, desde las decisiones hasta los flyers. No lo digo como algo mejor o peor, simplemente es mi forma. Me gusta tener el control de lo que hago, y siento que eso también me mantiene en movimiento. Lo importante sigue siendo la música. Y si eso se transmite con honestidad, todo lo demás fluye.

El vinilo es una parte importante de tu propuesta. ¿Qué sentido tiene seguir eligiendo ese formato en 2025?

El vinilo tiene una carga emocional y estética muy fuerte. Hay algo en el tacto, en la búsqueda, en el sonido mismo. Pero también uso lo digital desde hace unos años, sobre todo por cuestiones prácticas: viajar con discos no siempre es posible. Me gusta que haya un resurgimiento del vinilo, sobre todo en las nuevas generaciones. No lo uso para dar un mensaje nostálgico, sino porque sigue teniendo vida propia, sigue inspirando.

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