En los últimos años, el techno argentino viene mostrando una renovación clara en nombres, discursos y formas de habitar la cabina. En ese contexto, Ludmila Di Pasquale aparece como una de las artistas revelación del circuito nacional, no por golpes de efecto ni por fórmulas rápidas, sino por una construcción paciente, coherente y en constante movimiento.
Hay artistas que entienden la cabina como un espacio de exhibición y otros que la conciben como un laboratorio vivo. En su caso, la mezcla ocurre en tiempo real: formatos, géneros, intensidades y climas dialogan sin rigidez, con una lógica interna que prioriza la experiencia colectiva antes que la etiqueta. Formada en el cruce entre lo analógico y lo digital, su recorrido como DJ y productora se sostiene en la curiosidad, la escucha atenta de la pista y una búsqueda constante por ampliar su propio lenguaje.
Este sábado 17 de enero, esa búsqueda tendrá un nuevo capítulo en San Martín de los Andes, donde se presentará en una nueva edición de la productora No Limit, uno de los ciclos que viene consolidando propuestas electrónicas en la región.

Venís de una generación que creció entre lo analógico y lo digital. ¿Qué te da el vinilo en la cabina que todavía no encontrás en lo digital?
Disfruto de ambos formatos, cada uno tiene lo suyo. Con el vinilo me pasa, sobre todo, el estilo de música que encuentro: mucha música vieja que en digital no se consigue. A eso se suma lo tangible y lo performático del vinilo, que me divierte mucho y aporta en la cabina.
En tus sets se siente una fluidez muy natural entre house, techno y electro. ¿Cómo decidís hasta dónde llevar esa mezcla sin perder identidad?
Disfruto mucho moverme entre distintos estilos. La clave está en sostener una lógica interna: leo mucho la pista y desde ahí voy conectando géneros. La selección es amplia, pero siempre hay una coherencia sonora que lo une todo y define mi identidad.

Tocaste tanto en espacios íntimos como en festivales enormes alrededor del mundo. ¿Cambia tu forma de contar una historia musical según el tamaño del escenario?
Mi sonido se mantiene, lo que varía es la intensidad del set. Todo depende del tiempo y el horario: a veces hay poco margen y ahí toca ir más directa y concreta. En otros casos, cuando hay más tiempo, puedo desarrollar un recorrido más largo e ir llevando al público de a poco.
Como productora, parecés estar siempre en búsqueda de nuevos sonidos más que de fórmulas. ¿Qué te motiva hoy a entrar al estudio y experimentar?
Me gusta seguir experimentando y creo que eso nace de la curiosidad y de la necesidad de salir de lugares cómodos. El estudio es un espacio de prueba, error y búsqueda constante. Siento que estoy en una búsqueda permanente de mi sonido, animándome de a poco a ir cada vez más lejos.

La escena electrónica global está en constante transformación. ¿Dónde sentís que encaja tu proyecto dentro de ese movimiento actual?
Si bien soy parte de la escena y estoy en contacto con lo que sucede, soy fiel a lo que me gusta y me representa. Quizás no estoy tan pendiente de lo que está de moda; intento hacer mi propio camino sin que eso me condicione ni me influya.
Mirando hacia adelante, ¿qué te interesa más explorar en esta nueva etapa: nuevos géneros, nuevas tecnologías o nuevas formas de presentar tu música en vivo?
Me interesa explorar un poco de todo. En cuanto a géneros, una va creciendo y su sonido va mutando. Pero sobre todo me interesa profundizar en las formas de presentar mi música en vivo. Estoy ampliando la manera de presentarme, sumando recursos que potencien la experiencia.

¿Con qué se va a encontrar el público de San Martín de los Andes este sábado 17 de enero en No Limit?
Estoy armando un set que va a recorrer varios géneros, como suelo hacer siempre. Lo que sí tengo claro es que voy a ir con bastante intensidad; sé que al público del sur eso le gusta.